Hezbolá o la revolución silenciosa del ‘partido de Dios’

Por Enrique Herrero

 

Madrid, 30 de enero de 2026

Funeral de Hassan Nasrallah (izquierda) en Beirut, Líbano, el pasado 23 de febrero de 2025

(Wikimedia Commons)

 

 

En un escenario de constante inestabilidad y de continuas fricciones con su vecino y rival del sur, la milicia libanesa Hezbolá, conocida como “El partido de Dios”, se enfrenta en la actualidad a un complejo problema de identidad tras la caída del régimen aliado de Bashar Al Assad en Siria y la intensificación de los ataques por parte del ejército israelí en el Líbano. En un momento en que la organización palestina Hamás se ha llevado la mayor parte de los focos de la opinión pública tras los repetidos bombardeos israelíes contra la Franja de Gaza, Hezbolá se sumerge en un proceso de reconstrucción clave para el futuro de su organización, así como para el ecosistema de seguridad regional en todo Oriente Próximo.


A día de hoy, Hezbolá, como grupo paramilitar, colectivo social y organización terrorista, se enfrenta a una importante disyuntiva: por un lado, abandonar de forma definitiva el conflicto armado con Israel - surgido hacia finales de la década de los 70 y activo hasta nuestros días - y con ello casi cualquier posibilidad de resistencia armada en el sur; o, por otro, exponerse a reavivar las tensiones y las hostilidades permanentes con Israel, perpetuando así la situación de conflicto. Todo ello acompañado además por el progresivo rearme de esta organización, la cual contará con el apoyo incondicional del gobierno de Teherán, sin que existan a cambio garantías claras de seguridad para la resolución pacífica del conflicto en un futuro.

 

Hezbolá y la construcción del ‘partido de Dios’

 

Soldados de las IDF desplegados en el Líbano durante la guerra israelí-libanesa de 1982 (The Conversation)

 

 

Autoproclamado como “El partido de Dios” (hizb = partido y Allah = Dios), Hezbolá, también conocido como Hizbulá o Hezbollah entre otras acepciones transliteradas del árabe, constituye uno de los actores no estatales más representativos del denominado Eje de la Resistencia en todo Oriente Próximo.


Pese a que el origen exacto del grupo es difícil de determinar históricamente, existe consenso a la hora de encuadrar la fundación del mismo en el Estado libanés a principios de la década de los 80, cuando las Fuerzas de Defensa israelíes (IDF, por sus siglas en inglés) ocupasen parte de los territorios del sur del Líbano en 1982. Dicha ocupación vendría ocasionada tras el intento de asesinato del entonces embajador israelí en Londres, Shlomo Argov, por parte de miembros del grupo terrorista palestino Abu Nidal el 3 de junio de ese mismo año.


Desde ese momento, las hostilidades entre Israel y Hezbolá vendrían a sucederse durante décadas, dando lugar así a varias fases de conflicto. Hezbolá, con el apoyo de Irán, adoptará diversas posturas y roles durante este periodo, asumiendo su poliédrico estatus como formación política, milicia paramilitar y colectivo social simultáneamente en el Líbano. El grupo, además, cuenta por su parte con la designación oficial como organización terrorista por parte de los Estados Unidos, Israel y algunos países de la Liga Árabe, así como el reconocimiento parcial de su ala militar como entidad terrorista por parte de los Estados miembros de la Unión Europea, entre ellos España.

Relaciones con Irán y papel como organización terrorista

 

A la hora de definir la naturaleza y acciones de este grupo, es imposible no hacer mención a las relaciones de Hezbolá con el gobierno teocrático de Irán desde la llegada al poder de los ayatolás a finales de la década de los 70. Con el éxito de la Revolución Islámica chií que tuvo lugar en el Estado persa a comienzos de 1979, las relaciones entre el nuevo gobierno de los ayatolás y el Estado de Israel quedarían rápidamente colapsadas tras el derrocamiento del ex monarca Shah Reza Pahlavi, gracias, en buena medida, al rígido apoyo de los ayatolás a la causa palestina.

 

 

El Ayatolá Jomeini aterrizando en el aeropuerto de Teherán tras catorce años de exilio

(AP News)

 

 

En concreto, tanto la figura del ayatolá Jomeini como la recién fundada Guardia Revolucionaria Islámica dependiente de éste, serían los principales responsables de financiar, asesorar y entrenar militarmente a las facciones armadas de Hezbolá en el Líbano durante los primeros años de guerra con Israel, pasando a formar parte del denominado Eje de Resistencia hasta nuestros días.


Hezbolá, cuya fundación fue respaldada inicialmente por líderes chiíes insurgentes pertenecientes al movimiento Amal en el Líbano, pasaría así a convertirse en un actor político, social y militar de gran peso estratégico en la región, particularmente tras la reivindicación de su primer ataque terrorista contra personal militar israelí a finales de 1982.


Este episodio, el cual daría paso a una oleada de nuevos ataques suicidas por parte de este mismo grupo, encontrarían su punto más álgido tras los ataques perpetrados contra el cuartel de los Marines de la Fuerza Multinacional en el Líbano (MNF) en el año 1983. De acuerdo con distintas fuentes, el atentado, llevado a cabo por terroristas de Hezbolá en la mañana del 23 de octubre en la capital libanesa, se saldaría con la muerte de 241 soldados estadounidenses y 58 franceses, además de varios muertos civiles y un centenar de heridos. Este ataque es considerado tradicionalmente como uno de los más letales contra personal militar en la historia reciente de los Estados Unidos.


Con el recrudecimiento de la violencia terrorista y la consolidación de Hezbolá como nuevo brazo armado en el Líbano, no será hasta dos años más tarde cuando se produzca la publicación del denominado Manifiesto de Hezbolá, un documento fundacional por el que el grupo abrazaría oficialmente la lucha islamista y reafirmaría su alineamiento ideológico con el gobierno teocrático de Teherán el 16 de febrero de 1985.


Desde ese momento, el grupo irá evolucionando hacia una nueva versión más próxima al concepto de “organización terrorista híbrida”, en particular tras su primera incursión como formación política en el Líbano a inicios de la década de 1990. Desde entonces, el grupo ha venido alternando su actividad paramilitar y de índole terrorista con su presencia parlamentaria, logrando, entre otros objetivos, la expulsión temporal del ejército israelí de territorio libanés en el año 2000. Además, la milicia obtuvo cierto grado de reconocimiento tras intervenir en el alto el fuego firmado con el gobierno de Israel durante la segunda fase de la Guerra del Líbano a mediados del año 2006.

 

 

Vista del ataque contra el cuartel de los marines estadounidenses en Beirut, 1983

(The Washington Institute)

 

 

Posición regional y guerra en Siria

 

Con el fin provisional del conflicto libano-israelí en el año 2006, Hezbolá se erigirá como un actor clave en la vida política libanesa tras la celebración de los Acuerdos de Doha del año 2008. Por medio de este acuerdo, el entonces Gobierno de coalición en el Líbano, liderado por el militar libanés Michel Suleiman, pondría fin a 18 meses de tensiones entre facciones locales, reconociéndose a Hezbolá como actor político de pleno derecho y con derecho a veto.


A partir de ese momento, Hezbolá continuará ganando adeptos progresivamente entre la población chií del sur - más expuesta a los ataques provenientes de Israel -, al tiempo que irá adquiriendo una mayor influencia como “gobierno en la sombra” dentro de los círculos de poder en el Líbano. No obstante, quizá la mayor contribución y logro operativo de este grupo en los últimos años se encuentre fuera de sus fronteras, en particular en lo referido al apoyo logístico y militar brindado al gobierno de Bashar Al-Assad durante la guerra civil en Siria (2011-2024).


Según un informe presentado por el medio británico Financial Times, la ayuda prestada por Hezbolá al gobierno de Al-Assad durante el conflicto civil en Siria permitió a Israel recopilar grandes cantidades de información respecto a la estructura interna de la milicia libanesa, en especial en lo relativo a sus mecanismos de control y captación de miembros. Una de las consecuencias más significativas de ello sería el ataque orquestado por parte de la inteligencia israelí contra cientos de dispositivos móviles y ‘buscas’ pertenecientes a miembros de Hezbolá en el mes de septiembre de 2024.


Así, tras la caída del régimen del “León de Damasco” en diciembre de 2024, la proyección internacional de Hezbolá en el país vecino se debatirá, por un lado, entre la imagen de grupo protector de las minorías, particularmente durante las campañas de terror orquestadas por el grupo yihadista Estado Islámico (ISIS) en Siria; y, por otro, las opiniones de aquellos detractores que consideran a este grupo como actor simpatizante e incluso miembro colaborador de las matanzas de civiles sirios llevadas a cabo por el gobierno de Al-Assad contra opositores a su administración durante este mismo periodo.

 

 

Póster tiroteado con la imagen del ex presidente Al Assad en las calles de Alepo (Arab Weekly)

 

 

Enemistad con Israel y resistencia civil en el sur

 

A día de hoy, Hezbolá continúa siendo uno de los principales baluartes en la lucha contra la ocupación y el predominio militar de Israel en el Líbano y en todo Oriente Próximo. Con el trasfondo de los ataques perpetrados por el grupo palestino Hamás el 7 octubre de 2024, la milicia chií Hezbolá aprovecharía para relanzar su ofensiva particular contra Israel al día siguiente, provocando con ello la violenta reacción del ejército sionista mediante el envío de misiles de corto y mediano alcance contra objetivos militares en el sur del Líbano.


En este intercambio de ataques, las IDF llevarían a cabo una intensa campaña de ataques por tierra y aire, los cuales concluirían temporalmente con la firma del alto el fuego el 27 de noviembre de 2024. Desde entonces, la paz entre ambos actores se mantiene inestable, con numerosas quiebras del alto el fuego y episodios de violencia que ponen en jaque la situación de seguridad regional en su conjunto.

 

 

"No habrá paz en Beirut, ni orden ni estabilidad en el Líbano, sin garantías de seguridad para Israel"

 

Israel Katz, Ministro de Defensa israelí

 


Prácticamente un año después de la firma de este acuerdo, el ejecutivo de Benjamin Netanyahu acusó el pasado mes de noviembre al Gobierno libanés de estar permitiendo el rearme del grupo terrorista, amenazando a su vez a este gabinete con una “intensificación” de las operaciones militares en el Líbano en caso de no poner freno a este proceso. Mientras tanto, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Türk, aseguró en recientes declaraciones oficiales que, de los cientos de muertos provocados por Israel en el Líbano en 2025, al menos 103 eran víctimas civiles.

 

 

El Alto Comisionado de las Naciones Unidas, Volker Türk, en declaraciones el pasado mes de septiembre

(Anadolu Agency)

 

 

Pragmatismo, silencio y posibles escenarios de futuro

 

En los últimos meses, y tras los reveses sufridos a nivel operativo por parte de este grupo, Hezbolá se enfrentará en la actualidad a un proceso de reconstrucción interno marcado por el pragmatismo institucional y el progresivo rearme de sus capacidades militares. Este proceso se encontraría actualmente auspiciado por las fuerzas revolucionarias iraníes, tal y como afirman desde el terreno diversos medios internacionales.


En cuanto al ejecutivo de Netanyahu, éste se enfrentará en la actualidad a acusaciones de crímenes de genocidio por parte de numerosas organizaciones internacionales como respuesta a sus acciones en los territorios ocupados de Palestina, en particular tras sus repetidos ataques contra población civil en Gaza. Asimismo, su gobierno ha suscitado un creciente descontento popular en Israel, motivado fundamentalmente por las críticas a la gestión de la crisis de los rehenes retenidos por Hamás hasta el pasado mes de octubre, además de las críticas a su gabinete por su reciente labor política en el país.

 

La cúpula de Hezbolá, por otro lado, dirigida actualmente por el líder religioso chií, Naim Qassem, parece querer ofrecer una imagen de tensa calma entre sus milicianos, particularmente tras el asesinato de su anterior líder, Hasan Nasrallah, a manos del ejército israelí el 27 de septiembre de 2024. Este episodio transformaría por completo la estructura interna de la organización, conduciendo a ésta a buscar abastecerse, presuntamente, de multitud de reservas de cohetes, misiles antitanque y piezas de artillería procedentes del ejército iraní a través de la frontera del Líbano con Siria.


De acuerdo con algunas estimaciones, la cifra de muertos derivada del conflicto entre Hezbolá e Israel en el Líbano desde los ataques del 7 de octubre hasta la celebración del alto el fuego en noviembre de 2024 superó los 3000 muertos y más de 14000 heridos. Desde entonces, Israel ha realizado decenas de ataques contra posiciones militares y población civil en el Líbano, en lo que supone una contravención de lo estipulado en el acuerdo de paz, tal y como atestiguan las Naciones Unidas. 

 

 

Imagen de Hasan Nasrallah, histórico líder de la organización libanesa Hezbolá hasta su asesinato en 2024

(Tehran Times)

 

 

En este contexto, y con el telón de fondo de las recientes protestas populares en Irán ocurridas en el Estado persa en el último mes, Hezbolá se debate entre abandonar permanentemente la lucha armada - una opción remota que implicaría además el práctico abandono de la resistencia civil en el sur -, o perpetuar, casi de forma indefinida, el ciclo de hostilidades con el ente sionista.


La influencia aún presente de la organización tanto en la política libanesa como entre la población chií persistirá como un elemento diferencial en el posible desenlace de las tensiones entre ambos actores, los cuales seguirán ahondando, con su retórica belicista, en las viejas heridas del País de los Cedros, sin perspectivas de alcanzar un compromiso de paz cercano en un futuro.

 

 

 

*Este artículo fue originalmente elaborado durante el mes de noviembre de 2025 y actualizado durante el mes de enero de este mismo año.

 

Las opiniones del autor no reflejan necesariamente la línea editorial ni las opiniones de los demás miembros que conforman este medio.

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