Cómo la fenomenología puede ayudarte con el scroll infinito

 Por María Monserrat Barrio

 Ferrol, 20 de septiembre de 2026

Retrato del filósofo checo-alemán Edmund Husserl (eP Investiga)

Alguna vez habréis oído que “lo que pasa en las redes sociales no es real”, que admiramos vidas, cuerpos y circunstancias que percibimos, pero que no se ajustan a lo que de verdad ocurre. Ese viaje de ensueño, ese cuerpo perfecto, o esa vida familiar soñada. Sin embargo, ¿qué es la realidad? ¿Cómo la percibimos los seres humanos? ¿De qué forma podemos evitar los juicios que hacemos sobre lo que no conocemos realmente? Vamos a ver cómo la fenomenología puede ayudarnos a entenderlo. 

¿Qué es la fenomenología?

La fenomenología es lo que conocemos como una ciencia apriorística, esto quiere decir que trabaja con ideas, con planteamientos abstractos, no con objetos físicos. Las ciencias se dividen en tres tipos; las naturales, que estudian el mundo físico; las sociales, que estudian la conducta humana; y las formales, que estudian los sistemas lógicos, de qué manera y por qué pensamos lo que pensamos. 

 

La fenomenología trata de averiguar de qué manera los seres humanos percibimos y experimentamos la realidad. La realidad no podemos entenderla como una teoría porque no tiene una estructura lógica, no es un objeto que podamos observar, pero sí podemos tratar de entender cómo nosotros la vivimos según nuestra experiencia. Todas las corrientes filosóficas tienen una pregunta fundamental, y en este caso esa pregunta sería: ¿cómo percibimos y vivimos los seres humanos la realidad? 

 

Para poder estudiar esto, los filósofos plantean algo llamado la vivencia intencional. Esto es la conciencia de quien observa la realidad, poniéndola en perspectiva a través del espacio-tiempo. Hay tres dimensiones de tiempo: la imaginación, que proyecta futuros; las sensaciones vividas en el presente; y la memoria. Nosotros, nuestra conciencia, puede recordar lo que hemos vivido porque lo hemos experimentado, no podemos recordar algo que no hemos vivido, y esas sensaciones que recordamos nos permiten proyectar acciones futuras, tener expectativas e imaginarnos escenarios de futuro.

Placa conmemorativa del autor moravo Edmund Husserl en la ciudad checa de Prostějov, anteriormente llamada Prossnitz (Český rozhlas)

La figura de Edmund Husserl

Fotorretrato de Edmund Husserl (Psicología y Mente)

Las corrientes filosóficas no nacen de cero, toda corriente es fruto de su contexto, de la herencia de problemas y tradiciones que transforman el pensamiento para tratar de construir una respuesta. El caso de la fenomenología, también llamada fenomenología trascendental, es precisamente eso, la necesidad del filósofo y matemático Edmund Husserl (Prossnitz, Moravia, 1859 - Friburgo, Alemania, 1938) de tratar de alcanzar una verdad objetiva, universal e indudable sobre la percepción humana de la realidad.

 

Husserl nace en Prostêjov, región de Moravia, entonces perteneciente al Imperio Austríaco, hoy en día República Checa. Conocedor de los sistemas filosóficos de Kant, Hegel, y, fundamentalmente, el racionalismo de Descartes, estas influencias serán muy importantes en el desarrollo del pensamiento del autor, si bien la fenomenología nacerá a raíz de la necesidad de este de completar el planteamiento sobre la intencionalidad de la conciencia de Franz Bretano (1838 - 1917). Este filósofo y psicólogo alemán propuso que todo pensamiento es pensamiento de algo. Esto quiere decir, que no se puede no pensar en nada, y que si se piensa, siempre se piensa en algo, pues el pensamiento no puede estar vacío. 

 

Husserl utiliza esta idea para fundamentar el estudio de la conciencia, con el que pretende analizar los fenómenos tal y como en ella se presentan, vírgenes, sin prejuicios, lo que él mismo llama “volver a las cosas mismas”.

 

Alguien que nos lo pone un poco más fácil de entender es Maurice Merleau-Ponty (1908 - 1961). Este filósofo francés desarrolló la fenomenología de Husserl explicando que la percepción es lo que relaciona al ser humano con el mundo que ya está estructurado. Nosotros no somos una mente abstracta, un sujeto, que podríamos ilustrar imaginando un piloto, dentro de un cuerpo material, que sería el avión. Si esto fuese así, podríamos comprender la realidad de una forma totalmente racional y exacta. Sin embargo, somos una sola cosa — sujeto y cuerpo a la vez — ya que percibimos — experimentamos la realidad — utilizando los sentidos, por lo que el mundo habita dentro de mi conciencia y mi contexto histórico, mi lengua materna y mi cultura, siendo estas las gafas a través de las cuales yo interpreto todo lo que me rodea. Esto no significa que esté atrapado dentro de mi cuerpo, porque mi cuerpo y yo somos una sola cosa que experimenta, percibe y siente.

 

Para acabar de comprender del todo esta idea sería útil acudir al pensamiento del filósofo vasco Xavier Zubiri (1898 - 1983). Zubiri recupera de Husserl el concepto de intencionalidad — solo podemos pensar si pensamos en algo —, pero no está de acuerdo con él en que sentir y entender sean dos cosas distintas. Para Zubiri el ser humano no siente primero y luego procesa esa información racionalmente — a esto se le llama inteligir —, sino que en un único acto — la inteligencia sentiente — hacemos las dos cosas, recibir y procesar. Los sentidos ya procesan — inteligen — la realidad cuando la perciben, no después. 

 

Este ejemplo es muy ilustrativo para entender cómo se crea una corriente filosófica. Alguien no se levanta un día y decide desarrollar una teoría de cero, sino que un filósofo presenta una idea sobre la que otros pensadores posteriores desarrollan, critican y amplían, con el objetivo de entenderla, estructurarla y adaptarla a las necesidades nuevas que van surgiendo con el tiempo. 

Fotorretrato del pensador y filósofo vasco Xavier Zubiri (Philosophica)

Post-fenomenología: la experiencia humana mediada por dispositivos electrónicos

La fenomenología clásica, que acabamos de ver, no es suficiente para entender de qué manera recibimos la realidad hoy en día, ya que los dispositivos electrónicos han cobrado gran importancia y se han convertido en un medio para percibir la realidad. 

 

El estudio de la denominada post-fenomenología está desarrollada principalmente por dos filósofos investigadores de la Universidad de Stony Brook en Nueva York: Don Ihde y Robert Rosenberger. Ellos pretenden reconfigurar la relación entre el sujeto — nosotros — y la realidad, ya que ahora estamos envueltos por el entorno tecnológico que configura nuestra experiencia. Es por ello que la relación del ser humano con su contexto se vuelve especialmente importante. 

 

El ejemplo más ilustrativo que nos presentan es el tiro con arco. En un plano abstracto el arco y la flecha son siempre iguales, solo son un arco y una flecha. Sin embargo, en un ámbito práctico, un arco y una flecha pueden ser muy distintos dependiendo de la variante cultural que los procese. Por ejemplo, un 'longbow' inglés no se parece en nada a un arco compuesto mongol, aunque ambos sean la misma cosa en realidad. 

 

La conclusión a la que podríamos llegar sería que la tecnología ya no se percibe como algo externo o ajeno a nosotros, sino que es una extensión de nuestros sentidos. La recepción de las cosas — intencionalidad — ya no es neutral, porque un aparato transforma lo que percibimos, nos abre nuevas maneras de percibir — inteligir — y también nos oculta otras. La forma en la que habitamos el mundo ya no es propia, sino que es conjunta con la tecnología. 

Comparativa entre un arco 'longbow' inglés (izqda.) y el arco compuesto mongol, a la derecha (Obra del editor)

Una solución: la epojé.

La solución en este caso se encuentra en el propio origen, en Husserl, quien nos presenta el concepto de epojé — del griego epokhé —, que podría traducirse como una suspensión o pausa. 

 

Las raíces de este término, por si Husserl fuera poco original, las encontramos en el escepticismo griego. Esta corriente de pensamiento ya nos dice que debemos suspender el juicio sobre la realidad exterior para centrarnos en la experiencia pura de los fenómenos, es decir, centrarnos en cómo percibimos esa realidad. El principal pensador escéptico, Pirrón de Elis, nos dice que no podemos confiar plenamente en los sentidos, ya que pueden ser cambiantes. Lo más sabio es abstenerse de sentir cualquier juicio y no opinar sobre lo que es verdadero o falso, bueno o malo. La epojé, para Pirrón, sería una herramienta práctica para evitar el sufrimiento que surge de las expectativas frustradas y los conflictos internos que se crean a raíz de estos.

 

Basado en esta premisa, Husserl presenta la epojé como el acto de poner entre paréntesis todas las creencias y juicios sobre la existencia objetiva. Esto se plantea como método para analizar la esencia de las cosas tal y como se presentan ante nosotros, sin influencias ni prejuicios o suposiciones previas. Esto quiere decir desactivar el juicio natural y percibir la realidad con mayor pausa y consciencia. 

 

Suspendiendo ese juicio, aprendemos de nuevo a observar y a darle tiempo a nuestra conciencia para procesar lo recibido y formar así estructuras complejas de pensamiento con las que no reaccionar automáticamente a las cosas y poder entender las mismas. Esto nos ayudaría, entre otras cosas, a salir del loop infinito de las aplicaciones y de las redes sociales, dándonos más tiempo a nosotros mismos para reflexionar sobre el mundo que nos rodea.

 

Como conclusión, me gustaría lanzar al aire una pregunta con la que reflexionar juntos. El verdadero lujo de nuestros tiempos, del ahora, es la desconexión digital. ¿Por qué? ¿Tal vez menos sea más? Y lo que es más importante, ¿cómo aplicarías tú la epojé a tu realidad sensible?

'Epojé' (2018), obra del artista alicantino Pau Sanz i Vila (mad is mad)

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