La mujer orquesta

Por Francisca Pageo

Valencia, 5 de octubre de 2026

Fotografía de la música y compositora francesa Nadia Boulanger (Scherzo)

«Creo que prestar atención, manifestar interés por lo que nos rodea permite percibir lo que debe ser. Se trata de una forma de visión.»

Nadia Boulanger  (1887 - 1979)

Canción recomendada para esta lectura: 3 piezas para violonchelo y piano / Astrig Siranossian & Irina Zahharenkova

Escucho las "Tres piezas para violonchelo y piano" (1914) de Nadia Boulanger (París, 1887 - íbidem, 1979) y me pregunto si todas estas cosas que he pensado, que he sentido, que se me han revelado leyéndolas en este libro que me ha sido regalado — "«Mademoiselle»: Conversaciones con Nadia Boulanger" (2018) del violinista y escritor francés Bruno Monsaingeon —, no son más que señuelos de una vida marcada por el arte, el profundo amor por la música, la presunta sensación de saberse plena en un mundo dominado por los hombres.

 

Nadia Boulanger nació en París en 1887 y fue una compositora, intérprete de piano y órgano, directora de orquesta y pedagoga francesa. Formaría y enseñaría a muchos de los grandes compositores del pasado siglo XX de una manera total y plena, como en el caso de autores como Igor Stravinsky, Aaron Copland, Daniel Barenboim, Ígor Markévich, Astor Piazzolla o Vítězslava Kaprálová, entre muchísimos otros. Una lista infinita que no hubiese acabado nunca si no fuese por la renuncia que ella misma hizo como profesora hacia el final de sus días. No tenía más que enseñar. Pero eso, creo, lo debemos decidir nosotros al leerla aquí.

 

En este libro, que funciona a modo de un extenso diálogo, Bruno Monsaingeon le realiza una serie de preguntas a la artista para darnos a conocer a una Nadia Boulanger en su versión más intelectual y emotiva. Con una humildad y honestidad que se escapa por todos sus poros, Nadia Boulanger, hermana de Lili Boulanger (París, 1893 - Mézy-sur-Seine, 1918), joven compositora e intérprete que moriría a la temprana edad de 24 años; hija de Ernest Boulanger (1815 - 1900) también compositor y profesor de canto; y nieta de la cantante de ópera Julie Boulanger (1786 - 1850), también conocida como Marie-Julie Halligner, Nadia encontraría en el seno de su familia el lugar en el que explotar su firme voluntad de crear junto a su intensa pasión por la música.

 

Nadia fue, a lo largo de su vida, una mujer orquesta que, a quien quiera que se prestaba, daba siempre lo mejor de sí misma. Aunque no todo:

«He trabajado mucho, pero nunca he hecho todo lo que podría. Solo cuando una intenta acercarse a ese todo experimenta un goce interior a pesar de todas las tristezas y todos los duelos»

Extracto de "«Mademoiselle»: Conversaciones con Nadia Boulanger" (2018)

Fotografía de Nadia Boulanger (en el centro) junto a un grupo de alumnos hacia el año 1923, entre ellos el compositor estadounidense Aaron Copland (Fundación Juan March)

Me asombra la capacidad de verla impedida intelectualmente por ciertos motivos. Ella decía: “No sé”, cuando algo parecía ser más grande que ella. Pero lo que realmente nos demuestra es que tenía una capacidad enorme para saber ver dónde estaban sus límites. Aunque no con la música, pues cuando no estaba preparando a sus alumnos o dando conciertos, se dedicaba a escuchar la radio.

 

Ella sentía todo y oía todo. Podía decidir si una pieza era buena o era mala no tanto por su calidad técnica, sino por cómo era capaz de adentrarnos en su mundo. Con un sentido directo y penetrante en el que separaba a la obra del autor, Nadia era capaz de describir al cien por cien lo que lograba sentir y percibir por medio de ciertas piezas musicales, siendo, las que en este libro se nos nombra, no precisamente pocas. La amistad con Stravinsky, a quien ayudará durante su exilio en los Estados Unidos a partir del año 1939, representa, sin duda, un buen motivo para sonreír: ahí estaba toda la vida.

Fotografía de Nadia Boulanger junto al compositor ruso Igor Stravinsky hacia el año 1941 (Milenio)

En cualquier caso, algo es cierto: Nadia Boulanger se convertiría, por méritos propios, en la gran pedagoga musical del siglo XX. Que podamos tener este libro entre las manos, frente a nuestra alma, es un lujo que deberíamos reconsiderar. No estamos ante cualquier libro. Es un libro del que puede empaparse y beber no solo un pianista, un intérprete, un compositor de música o un estudiante de conservatorio; de él puede nutrirse cualquier persona interesada en el arte musical clásico y en todas las demás artes en su conjunto.

 

La convergencia de Boulanger con otros autores llegaría a ser tal que ésta terminaría por convertirse en amiga íntima del poeta y escritor francés Paul Válery (1871 - 1945), siendo de hecho con un comentario suyo con el que se pusiese fin a este bello libro acerca de su persona. Creo que de algún modo Nadia Boulanger nos ha legado su esencia no solo para que aprendamos de ella, sino también para hacernos ver que hay una profundo sentimiento en la música para cerciorarnos de que estamos vivos, de que existimos. Y es que tal y como dijo ella en vida:

«Acepto ese extraño misterio: existo»

 

En "«Mademoiselle»: Conversaciones con Nadia Boulanger" (2018)

Nadia Boulanger junto a su alumno, el violinista y director de orquesta Yehudi Menuhin durante el festival de música clásica de Bath de 1960 (El País)

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