Por Ronaldo González Valdés
Culiacán, 1 de septiembre de 2026

Imagen del escritor y filósofo pesimista rumano Emil Cioran (Ethic)
Dice Cioran en "Desgarradura" (1989): “En el aforismo, más aún que en el poema, es donde la palabra es rey”. Desde luego, esta es la afirmación de un esteta, muy diferente a la que pudo hacer un filósofo como Wittgenstein, quien, en la búsqueda de una epistemología articulada, tal vez sin proponérselo, reconoció la derrota de las palabras, de sus palabras, para decir el mundo y sus misterios. De ahí, acaso, las características de su escritura, fragmentaria y atravesada por silencios. No pretendo ser un esteta ni un filósofo, los pasajes que siguen son, por lo mismo, mínimos inicios, renglones que, sin ser aforismos ni máximas, pretenden dejar algo sugerido, sí, fragmentariamente, sobre la crítica, la escritura y la lectura.
Culiacán, Trópico de Cáncer mexicano, verano de 2026
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¿Qué es lo que "contagia" alguna literatura? Se trata de un virus cuya transmisión ocurre sin que lo advierta el lector, es decir, el "contagiado". Y sus efectos, como ha descubierto la medicina desde hace tiempo, no dependen sólo de la enfermedad, sino también del enfermo.
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Tendría que haber una historia clínica del lector. La literatura (la lectura de literatura) contagia una enfermedad distinta siempre. Nunca se repite la enfermedad y nunca enferma igual el lector contagiado por el mismo libro. El pathos lector cambia cada vez.
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Uno, en tanto singularidad, es imposible. Todos mis pensamientos ya fueron pensados. Uno es un cartucho quemado. De ahí el valor de un diario, ahí están los cartuchos quemados en batallas que son, ellas sí, distintas, y algunas pocas, acaso, dignas de ser contadas.
Fotograma de la película "Beginners" de 2010 (IMDb)
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Qué curiosa tarea la del crítico que, pudiendo reconocer el grano del trigo, decide mezclarlo con otros granos. Ese crítico perdió el grano, pero será reconocido como un gran refinador de harinas. Y la harina es ya otra cosa, quizá otro tipo de literatura.
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Supongo que con la edad se entiende que uno enferma de escritura. En ese Eclesiastés no sólo hay un tiempo para escribir y otro para no escribir, hay un tiempo también para desescribir, ese es el más pesaroso.
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Ganar premios no te hace buen escritor. Y no ganarlos tampoco.
Retrato de un escritor ante su máquina, por Ron Lach (Pexels)
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Todavía no nacen mis lectores. ¿O es que ya habían muerto cuando empecé a escribir?
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Dejé reposar ese texto y ahora no lo puedo despertar.
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De "Dublineses" (1914), como a tantos otros lectores, me gusta mucho el cuento "Los muertos". Aquel en el que "Uno a uno, todos se estaban convirtiendo en sombras". Ese déjà vu en la mente del lector, prefigurador de una desolación sin pena.
Fotografía del autor irlandés James Joyce en Zúrich, Suiza, año 1937 (Diario de Sevilla)

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