Por Iñaki Ochandiano
Madrid, 13 de octubre de 2026

Fotograma del filme "El amor que permanece" (2025) de Hlynur Pálmason (Cine Maldito)
El pasado 7 de agosto llegó a los cines españoles "El amor que permanece" ('Ástin sem eftir er', 2025) del director islandés Hlynur Pálmason, quince meses después de su estreno en el prestigioso festival de Cannes en mayo de 2025.
La cinta sigue la historia de Anna, artista conceptual separada de Magnus, su ex marido y padre de sus tres hijos, quien deja a la intemperie diversas piezas de metal con el fin de que la naturaleza y el paso del tiempo las conviertan en planchas de óxido, funcionando casi a modo de lienzo simbólico. Dichas obras en realidad serán creaciones del propio Pálmason en la vida real, quien además de director de cine, trabaja a su vez como artista plástico.
Tras graduarse en la Escuela Nacional de Cine de Dinamarca y debutar con el largometraje "Winter Brothers" ('Vinterbrødre') en el año 2017, la carrera de Pálmason ha estado íntimamente ligada, casi desde sus inicios, al Festival de Cannes: con "Un blanco, blanco día" ('Hvítur, Hvítur Dagur', 2019) se presentó en la Semana de la Crítica, sección no competitiva del Festival reservada para primeras y segundas películas de directores nóveles procedentes de todo el mundo; "Godland" ('Vanskabte Land', 2022), una de sus producciones más conocidas, estrenada en la sección paralela del festival Un Certain Regard, centrada en producciones originales fuera del circuito tradicional; y su más reciente "El amor que permanece", estrenada en 2025 en Cannes Première, y que no pudo alzarse en esta ocasión con la ansiada Palma de Oro.
Los temas centrales de la obra de Pálmason se han mantenido sin demasiadas variaciones desde sus inicios: la relación del hombre con la naturaleza, fuertemente reforzada por los increíbles paisajes de Islandia — especialmente presente en "Godland" —; las relaciones familiares, tanto en la cotidianeidad como en la pérdida; y el paso del tiempo, como elemento vertebrador con el que el director juega desde el uso que hace del montaje. El empleo del formato 4:3, algunas pequeñas incursiones de realismo mágico y su mayor atención al lenguaje cinematográfico que a la idea central del argumento, completan la lista de los sospechosos habituales presentes en la obra de este autor.
Fotograma de la cinta "Godland", estrenada en Cannes en el año 2022 (The Guardian)
Un buen ejemplo de esta confluencia de elementos narrativos en la obra de Pálmason se dará en el cortometraje "Nest" ('Hreiður', 2022), corto rodado en la casa del director durante el confinamiento decretado por las autoridades islandesas durante la pandemia del COVID-19. Mediante un plano fijo de un poste observamos cómo sus tres hijos construyen una casa-árbol en un periodo de 18 meses, tiempo en el que el director nos mostrará el transcurso de las cuatro estaciones desde su casa en mitad de la naturaleza. También se dará esta concatenación de elementos visuales en el ya mencionado filme "Un blanco, blanco día" (2019), thriller negro en el que contemplaremos el plano de una roca que rueda ladera abajo durante un año entero bajo las inclemencias del clima en Islandia.
"El amor que permanece", lejos de ser el enésimo drama escandinavo sobre la incomunicación entre personas, nos muestra, por su parte, a un Pálmason centrado en lo que sugiere su muy acertado título: las escenas cotidianas de felicidad familiar, los últimos e indignos intentos de atraer al otro y el retorno a una vida individual, tras el fracaso. A medida que avanza la película aparecen cada vez con más frecuencia metáforas visuales, sello del autor: una mirada bajo una falda se convierte en una representación casi onírica que pudiera evocarnos «El origen del mundo» (1866), de Gustave Courbet; un hombre flotando solo en el océano mientras todo se desmorona; o un espantapájaros inerte, que cobra vida tras ser acribillado por los hijos de la pareja protagonista.
«L'origin du monde» (1866) del artista francés Gustave Courbet (Historia del Arte)
El plano fijo que va apareciendo a lo largo de la película sobre la creación y destrucción de este espantapájaros — o simplemente un muñeco al que usar como diana — fue reutilizado para el mediometraje "Juana de Arco" ('Jóhanna af Örk', 2025), hermano conceptual de "Nest", y que sirve como dupla perfecta para una sesión doble de cine islandés junto a "El amor que permanece".
Sin llegar a alcanzar el nivel de maestría demostrado y presente en "Godland", en cuanto quizá en esta ocasión nos encontramos con una película menos ambiciosa y sólida narrativamente en este sentido, siempre es interesante acercarse a la mirada autoral de Pálmason, quien consigue transmitir a través de sus imágenes la belleza no solo de los paisajes islandeses — que pudiera parecer hasta fácil de retratar por la estética intrínseca del entorno —, sino de cualquier otro aspecto cotidiano, incluso de aspectos tan poco estéticos tradicionalmente como la industria metalúrgica o la pesca de arenques en Islandia.
Escena del mediometraje "Juana de Arco" de 2025 (AMFF)
"El amor que permanece" es, por tanto, una película profundamente humana, centrada en las imperfecciones de las relaciones familiares, con una filosofía que recuerda al precioso título del cineasta lituano Jonas Mekas: "En el camino, de cuando en cuando, vislumbré breves momentos de belleza" (2000). En una de las escenas de la película, un niño explica haber visto a sus padres hacer el amor en una ocasión de esta forma:
“No entendí muy bien qué estaba pasando, pero estaba bien porque parecían disfrutar”
Cita extraída de "El amor que permanece" (2025)
Gracias al montaje del director, nos encontraremos al inicio de la película con una serie de breves extractos y fragmentos de belleza, cuya razón de ser no comprenderemos del todo hasta que avance con ellos la trama de la historia. ¿Y es que acaso no consiste en eso exactamente la idea de crecer?
Escena de "El amor que permanece" (2025) de Hlynur Pálmason (Tumblr)

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