Borges, en su laberinto

Por Enrique Herrero

 

Madrid, 5 de abril de 2026

Fotografía de Jorge Luis Borges (Babab)

Cuando uno se adentra en el universo borgesiano - término preferido por el autor para referirse a su obra por delante de otros frecuentemente empleados como 'borgiano' o 'borgeano' por la crítica especializada -, el lector puede llegar a padecer una cierta sensación de vértigo, pérdida momentánea de la temporalidad, así como un progresivo sentimiento de desasosiego. Todo ello no es coincidencia, baladí, ni tema menor; el lector se estaría enfrentando a la pluma y prosa de uno de los grandes escritores de la literatura universal de todo el siglo XX.

 

Nacido en Buenos Aires un 24 de agosto de 1899, Jorge Francisco Isidoro Luis Borges, hijo de la traductora Leonor Rita Acevedo Suárez y del escritor y filósofo anarquista Jorge Guillermo Borges, vivió los primeros años de su niñez en el céntrico barrio de San Nicolás, uno de los más bohemios y emblemáticos de la ciudad porteña. No obstante, el pequeño Borges no tardaría en cambiar de residencia, mudándose tempranamente junto a su familia al costero barrio de Palermo, un "sórdido arrabal" - en palabras del autor - situado al norte de la capital bonaerense. En lo respectivo a su vida en el nuevo barrio, Borges añadiría, en retrospectiva, lo siguiente:

 

«En Palermo vivía gente de familia bien venida a menos y otra no tan recomendable. Había también un Palermo de compadritos, famosos por las peleas a cuchillo, pero ese Palermo tardaría en interesarme, puesto que hacíamos todo lo posible, y con éxito, para ignorarlo»

 

Cita extraída de "Jorge Luis Borges: Familia e infancia (Autobiografía, I)"

 

En palabras del propio autor, la infancia de éste transcurriría tranquila y sin amigos, sumido la mayor parte del tiempo en volúmenes y libros extraídos de la biblioteca personal de su padre. Esta circunstancia, la cual constituiría un "hecho capital" en la vida personal del autor de acuerdo con éste, provocaría que, desde muy temprana edad, Borges mostrase su predilección por la lectura y la escritura. Asimismo, a raíz de su ascendencia británica por parte paterna, Borges demostraría gran erudición de la lengua inglesa desde muy joven, siendo precisamente de su padre de quien aprendería el infinito "poder de la poesía":

«El hecho de que las palabras sean no sólo un medio de comunicación sino símbolos mágicos y música. Cuando ahora recito un poema en inglés, mi madre me dice que lo hago con la voz de mi padre. También me dio, sin que yo fuera consciente, las primeras lecciones de filosofía. (...) 

Más tarde, sin mencionar el nombre de Berkeley, hizo todo lo posible por enseñarme los rudimentos del idealismo»

 

Cita extraída de "Jorge Luis Borges: Familia e infancia (Autobiografía, I)"

Fotorretrato de la familia Borges a su llegada a Ginebra (Zenda)

Viaje a Ginebra (1914)

 

Corriendo el violento año 1914, fatídico inicio de la llamada "Gran Guerra" en Europa, la familia Borges se traslada a Ginebra, Suiza, con el fin de obtener un tratamiento oftalmológico especial para la ceguera incipiente de su padre. Borges hijo, quien heredará de éste el mismo mal de visión algunos años más tarde, atenderá durante este periodo el Lyceé Jean Calvin junto a su hermana Norah, en donde ambos cursarán en su juventud sus estudios de bachillerato.

 

Durante su estancia en Suiza, Borges se familiarizará con los autores simbolistas franceses, los maestros alemanes Schopenhauer y Goethe, así como otros grandes escritores como Heine, De Quincey, Chesterton y Meyrinkque le acompañarán a lo largo de su vida y que influirán definitivamente en el desarrollo de su obra.

 

Una vez concluida la Primera Guerra Mundial y con ella la estadía de la familia en el país helvético, los Borges se mudarán a España en 1919, instalándose en un principio en la Ciudad Condal - por breve espacio de tiempo - para dar paso a sucesivas estancias en la isla de Mallorca, Sevilla y Madrid, posteriormente. En este período, Borges mantendrá relación con una serie de poetas y literatos españoles tales como Jacobo Sureda, Rafael Cansinos Assens o Adriano del Valle, entre otros, que le abrirán las puertas de un movimiento artístico experimental y emergente en la España de ese período: el movimiento ultraísta o ultraísmo.

Retorno a Buenos Aires y expansión ultraísta (1921-1927)

 

El poeta Guillermo de Torre (izqda.) junto a su mujer Norah Borges (centro) y su hermano Jorge Luis (dcha.) sentados en un chalet en Salta, Uruguay, hacia el año 1931 (El País)

 

Tras el regreso del escritor argentino a su tierra natal en marzo de 1921, Borges se convertirá en instigador del denominado movimiento ultraísta en la Argentina de principios de la década de los 20, mediante la creación de las revistas Prisma, en 1921, y Proa, en 1923. Para el poeta español y cuñado de éste, Guillermo de Torre, el ultraísmo "no marca una hermética escuela sectaria ni una dirección estrictamente unilateral", si no que, por el contrario, aspira a condensar en su haz genérico una pluralidad de direcciones entrecruzadas". 

 

Pese al impulso inicial del autor de este movimiento, el propio Borges renegará años más tarde de la influencia ultraísta en los orígenes de su obra. Éste, a cambio, abrazará una postura mucho más tradicional y costumbrista en los primeros años tras su retorno, en particular en lo relativo al retrato del Buenos Aires de su época. De este período pueden destacarse obras como Fervor de Buenos Aires”, su primer libro de poemas, publicado en 1923; “Luna de enfrente”, escrito en 1925; y “Cuaderno San Martín”, publicado en 1929. Con todos ellos Borges evocará, con grandes dosis de nostalgia, la Buenos Aires de su corazón y de su infancia.

«Siempre, la multitud de tu hermosura»

 

"Fervor de Buenos Aires" (1923)

Años 30

 

Durante los primeros años de su regreso a la capital bonaerense, Borges se encontraba, según el escritor José María Plaza, dichoso y feliz. No obstante, será a finales de la década de los 20 cuando el escritor sufra un doloroso revés amoroso por parte de su amiga escritora y musa, Norah Lange, hacia principios del año 1929. Este episodio marcará profundamente la vida y obra artística del poeta, quien abandonará progresivamente la poesía para embarcarse de lleno en la prosa y el ensayo filosófico. De esta etapa destaca su obra "Evaristo Carriego" (1930), en la que Borges recopila anécdotas, tangos e historias de la tradición oral rioplatense, según los "compadritos y cuchilleros" de la época.

 

De este modo, los primeros años de la década de los 30 quedarán marcados por una frenética actividad literaria por parte del autor, los cuales vendrán acompañados a su vez por diversos problemas de índole personal y sentimental del poeta. De hecho, será a raíz de sus recurrentes afecciones dentales, sus agravados problemas de visión y las frecuentes noches de insomnio que el propio Borges decidiese llevar a cabo un fallido intento de suicidio el 24 de agosto de 1934.

 

En relación a este traumático episodio, coincidente con su 35º cumpleaños, esto es lo que nos relata Beatriz Genchi al respecto:

 

«En una armería de Buenos Aires, lejana a su casa para que no lo reconocieran, compró un revólver, y en un almacén una botella de ginebra Bols. Luego, fue hasta la estación Constitución y sacó boleto para el primer tren hacia Adrogué, pasaje de ida solamente. Se alojó en el hotel “Las Delicias”, que en esa época era uno de los lugares favoritos de los porteños de clase alta para pasar el verano. Eligió, con humor negro, la habitación 48 (Il morto qui parla) y pidió no ser molestado.

El calor agobiaba y la lluvia caía a baldazos. Sin desvestirse, se acostó en la cama, en la zurda la botella de ginebra, que bebió entera, y en la diestra el revólver que se llevó a la sien y apretó el gatillo. Los nervios o el alcohol, o ambas cosas, hicieron que la bala sólo rozara su cabello, sin producirle ni un rasguño. Anochecía. Comenzó a llorar, tuvo miedo de sí mismo, vergüenza por el fracaso y supo que no se mataría ese día»

 

Extraído de: "¿Los intentos de suicidio de Borges? – Por: Beatriz Genchi" (2019)

Décadas más tarde, cuando preguntado por este escabroso capítulo de su vida, Borges afirmaría haber pensado "muchas veces" en quitarse la vida, añadiendo, ya en su senectud, lo siguiente:

 

«La muerte, sin duda, me está acechando, para qué tomarme el trabajo (...)

En cualquier momento el tiempo me suicida»

 

Entrevista a J.L. Borges por parte del periodista Rodolfo Braceli (1965)

 

En lo relativo a su actividad literaria en este periodo, sería a principio de la década de los 30 cuando se produzca uno de los hitos fundamentales en el devenir artístico del autor: su encuentro con la intelectual y escritora argentina Victoria Ocampo, con quien colaboraría activamente en la publicación de la revista Sur desde el momento de su fundación hasta el fallecimiento de ésta en 1979.

 

La relación entre ambos, fructífera en lo profesional y tumultuosa en lo personal, se resumiría en una cita atribuida a Ocampo con la que se describe claramente el carácter impetuoso de dicho vínculo:

 

«Había en él una tendencia a ironizar sobre aquello que no fuera de su gusto, y nuestros gustos diferían (...)

La ironía de Borges actuaba sobre mí como el limón sobre la ostra abierta.»

 

La escritora Victoria Ocampo sobre su relación con J. L. Borges (Cahiers de l'Herne, 1963)

 

 

Fotografía de la escritora Victoria Ocampo junto a su amigo y colaborador Jorge Luis Borges

(Clarín, 2020)

 

Sería precisamente por mediación de su amistad con ésta que Borges conozca, hacia el año 1932, a su íntimo amigo y confidente, el también escritor Adolfo Bioy Casares. Junto a éste, Borges colaborará activamente en la creación de diversos relatos policíacos bajo el seudónimo de Honorio Bustos Domecqademás de confeccionar una colección de antologías junto a la escritora y esposa de éste, Silvina Ocampo.

 

Será también en esta etapa cuando se de paso a una de las épocas más prolíficas y fecundas del autor, publicándose, solamente en este período, más de 400 textos en revistas y suplementos literarios. Asimismo, será en la segunda mitad de esta década cuando se produzca el lanzamiento de su aclamado libro, "Historia universal de la infamia" (1936), una colección de relatos pseudo-biográficos en torno a distintos personajes históricos, célebres por su grotesca "maldad y ansia de poder". 

 

Tan sólo dos años más tarde, en 1938, tendrán lugar una serie de episodios que transformarán dramáticamente la vida personal y literaria del autor, todas ellas de forma trágica: por un lado, la muerte de su padre, Jorge Guillermo, el 14 de febrero; por otro, el suicidio del poeta Leopoldo Lugones cuatro días más tarde, de quien el propio Borges se consideraría discípulo y a quien el autor dedicaría un poema en forma de elegía hacia el año 1960.

 

«Las otras personas que me han oído a mí, vivirán en mi
voz,
que es un reflejo de su voz que fue, quizás, un reflejo de la voz de mis mayores»

 

En "Borges y Lugones: historia de una discreta discrepancia" (2016)

 

A finales de ese mismo año, en la víspera del día de Navidad de 1938, Borges se golpeará accidentalmente la cabeza subiendo las escaleras en casa de una amiga. Tras varias semanas de rehabilitación, el escritor, en un intento por poner a prueba sus capacidades mentales y creativas después de este accidente doméstico dará forma a uno de los relatos más laureados e icónicos de su carrera como escritor: "Pierre Menard, autor del Quijote" (1939), cuyo relato catapultará a Borges como precursor de la metaescritura, además de como referente de las letras argentinas en su conjunto.

 

Hastiado de la poesía lírica de años anteriores, Borges renovará su estilo por medio de éste y otros relatos, como en el caso de "Las ruinas circulares", publicado en 1940, o "La biblioteca de Babel", publicado al año siguiente. Estos escritos pasarán a formar parte del magnífico volumen titulado "El jardín de senderos que se bifurcan", editado en 1941. A éstos, el propio Borges sumará seis títulos más tres años más tarde, agrupados bajo el nombre de "Artificios" (1944). La unión de ambas compilaciones en un único volumen terminará por dar forma a una de las grandes obras del autor y de toda la literatura universal de todo el siglo XX:  el libro "Ficciones" (1944).

 

Una de las 'infinitas' representaciones de "La biblioteca de Babel" (1941) de Borges (Universo Abierto)

«Con alivio, con humillación, con terror, comprendió que él también era una apariencia, que otro estaba soñándolo.»

 

"Las ruinas circulares" (1940) - J.L. Borges

 

 

Edad adulta y madurez

 

Corriendo el año 1944, poco antes de la publicación de su obra "Ficciones", Borges conocerá a la novelista y traductora uruguaya Estela Canto, a quien Borges dedicará, probablemente, su más conocido cuento: "El Aleph", publicado en la revista Sur en 1945. El afán romántico de Borges por ésta, nunca correspondido, marcará profundamente al escritor, quien contraerá nupcias hasta en dos ocasiones posteriormente: en 1967, con Elsa Astete, conocida de su madre; y en 1986, con su discípula y estudiante María Kodama. Estas tres mujeres darán debida cuenta, desde perspectivas diferentes, de la complejidad sentimental del autor, quien se referirá, ya en la vejez, al enamoramiento como un "estado permanente" de su persona.

 

«Te debo las mejores y quizá las peores horas de mi vida y eso es un vínculo que no puede romperse.»

 

En "Borges a contraluz" (1989)

Fotografía de Jorge Luis Borges junto a su amada Estela Canto en la Costanera de Buenos Aires (1945)

A finales de la década de los 40, Borges realizará un ciclo de conferencias sobre literatura estadounidense para el Colegio Libre de Estudios Superiores de Buenos Aires, lo que le permitirá abandonar su trabajo como auxiliar en la biblioteca Miguel Cané y obtener así mayores  beneficios por razón de su dilatada formación en lengua inglesa. El éxito de estas conferencias terminarían por asegurarle su cargo como nuevo director de la Biblioteca Nacional de la Argentina para el año 1955. Dicho anuncio coincidirá con la caída del peronismo en el país, siendo además en el transcurso de este mismo año que la ceguera de éste evolucione negativamente, tornándose prácticamente del todo irreversible.

 

Preguntado acerca de la irónica eventualidad de este hecho, Borges afirmaría en su "Poema de los Dones" (1959) que Dios «con magnífica ironía me dio a la vez los libros y la noche».

 

En 1961, Borges obtiene el Premio Formentor ex aequo junto al célebre dramaturgo irlandés Samuel Beckett, obteniendo con ello reconocimiento internacional entre los lectores de todo el mundo, no solamente de habla hispana. Borges se convierte así en un escritor de culto, lo que le permitirá recorrer como conferenciante multitud de universidades en los Estados Unidos y capitales de toda Europa. Sería precisamente poco antes de uno de sus numerosos viajes a los Estados Unidos que Borges contraiga matrimonio con su primera esposa, Elsa Astete Millán, el 21 de septiembre de 1967, cuyo atribulado romance durará tres años hasta el inevitable divorcio entre ambos en el año 1970.

 

Poco se conoce de la vida conyugal de la pareja más allá de la revelación de ciertas desavenencias matrimoniales y la reducida implicación de Elsa en la vida literaria del autor en ese periodo, según crónicas amarillistas de la época. Tras su romance fallido con ésta, Borges renunciaría a su plaza en la Biblioteca Nacional en el año 1973, coincidiendo ello en buena medida con el regreso del peronismo al país.

 

Dos años más tarde, el 8 de julio de 1975, se producirá la muerte de Leonor, madre de éste, a la avanzada edad de 99 años. En el transcurso de su duelo, Borges entablará relación con la estudiante de literatura María Kodama, a quien el autor convertirá, progresivamente, en confidente, legataria y acompañante de éste en los meses posteriores al fallecimiento de su madre. Kodama, hija del químico japonés Yosaburo Kodama y colaboradora de Borges en diversas traducciones, nunca abandonará a su maestro, produciéndose el casamiento final entre ambos el 26 de abril de 1986. Tan sólo unos meses más tarde, una vez reubicados los dos en la adorada Ginebra de su juventud, Borges recibirá sepultura  el 14 de junio de ese mismo año.

 

En la tumba de Borges, ubicada en el cementerio Plainpalais de la ciudad helvética, puede leerse grabado en piedra el siguiente mensaje: "And ne forthedon na", una enigmática inscripción proveniente del poema épico inglés "La balada de Maldon" del siglo X,  que podría traducirse como "Y que no temieran". Junto a este simbólico epitafio, tan propio del gusto personal del autor, puede hallarse también el grabado de otras siete figuras - soldados sajones, de acuerdo con el historiador Martin Hadis - quienes estarían aguardando la muerte tras la caída en combate de su señor, obligados por su código de honor a aceptar su destino.

 

Tumba de Borges en el cementerio Plainpalais de Ginebra (Wikimedia)

Obsesión por el símbolo y vida en el laberinto

 

Muchas han sido las biografías y escritos referidos a la figura del genio Jorge Luis Borges, si bien ninguna ha logrado cubrir la universalidad, complejidad y grandeza del escritor bonaerense. Integrados en el vasto universo borgesiano pueden encontrarse, casi a modo de mantra literario, una serie de símbolos - el espejo, la soledad, el abismo, el doble, la fatalidad, los libros, los laberintos, el tiempo, el infinito... - que confluyen, de forma casi mística y circular, en el recorrido temporal de su obra.

 

Entre los elementos más característicos presentes en la obra de éste, el espejo constituye, tal vez, uno de los símbolos más representativos. Cuando preguntado acerca de su fascinación por los mismos, Borges señalaba que «hay algo de temible en esa duplicación visual de la realidad», añadiendo en su poema "Al Espejo" (1975) lo siguiente:

 

«¿Por qué persistes, incesante espejo?

¿Por qué duplicas, misterioso hermano,

el menor movimiento de mi mano?

¿Por qué en la sombra el súbito reflejo?

 

Eres el otro yo de que habla el griego

y acechas desde siempre. En la tersura

del agua incierta o del cristal que dura

me buscas y es inútil estar ciego.

 

El hecho de no verte y de saberte

te agrega horror, cosa de magia que osas

multiplicar la cifra de las cosas

que somos y que abarcan nuestra suerte.

 

Cuando esté muerto, copiarás a otro

y luego a otro, a otro, a otro, a otro...»

 

Poema "Al Espejo" (1975) de J. L. Borges (Poeticus)

 

 

En cuanto a su obsesiva fascinación por otro de los elementos primordiales de su obra, el laberinto, Borges definiría a éstos como «el símbolo más evidente de la perplejidad», sirviendo éste como elemento estructural y teatro escénico donde tome forma la acción de muchas de sus historias. Preguntado acerca del origen de su interés por éstos, el propio Borges señalaría la visión de un grabado de la casa Garnier de París en su juventud como el primer detonante de su atracción por los mismos.

 

Quizá el mejor ejemplo de esto se encuentre en su celebérrimo relato "La Casa de Asterión" (1947), en la que Borges rediseña el mito de Teseo y el minotauro desde la perspectiva de este último.

 

 

«-¿Lo creerás, Ariadna? -dijo Teseo-. El minotauro apenas se defendió.»

 

"La Casa de Asterión" (1945)

"El Minotauro de Watts" de José Ramón Díez Rebanal (Centre Cívic Urgell)

 

 

Borges no sólo constituye, en definitiva, un elemento esencial dentro de las letras argentinas y de toda la literatura hispana y universal del pasado siglo. Él mismo, como cabe interpretarse del tremendo legado e influencia de buena parte de su obra, se ha visto convertido, póstumamente, en un símbolo en sí mismo, objeto de análisis y de estudio por parte de aquellos enfrascados en la ardua tarea de ilustrar la extraordinaria mente del genio bonaerense.

 

Entre las múltiples notas que componen el legado artístico de este autor, nos quedamos con la definición que de ello hace Ana María Barrenechea, al describir el papel de Borges como "el hombre que entreteje los símbolos", señalando asimismo lo siguiente:

 

«Palabras, signos, figuras, cifras... simbolizan los actos humanos y la entera creación; el universo entero y los actos de los hombres son, a su vez, figuras, letras, palabras o símbolos de nuestro destino»

 

Ana María Barrenechea en "Borges y los Símbolos" (Revista Iberoamericana 43(100), 1977)

Una de las múltiples interpretaciones del Aleph, el punto en el que convergerían todos los elementos del universo (Superprof)

Y es que cómo señalaba el propio Borges en una postrera entrevista para El País - realizada cinco años antes de su muerte - en respuesta a una pregunta acerca de su propia existencia:

 

«No estoy seguro de que yo exista, en realidad. Soy todos los escritores que he leído, todas las personas que he conocido, todas las mujeres que he amado. Todas las ciudades que he visitado.»

 

Entrevista a Jorge Luis Borges para El País (1981)

Borges (Ethic)

REFERENCIAS

 

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