Por Enrique Herrero
Palencia, 29 de julio de 2026

Instantánea de la fotoperiodista Gerda Taro (TV5 Monde)
Canción recomendada para esta lectura: Taro - Alt-J
Cuando uno escucha el nombre de Robert Capa son varias las imágenes que a uno tal vez se le pasen por la cabeza. Reportero de guerra, historiador, testimonio fílmico y fotográfico de algunos de los principales acontecimientos ocurridos en el convulso siglo XX, Capa actuó como heroico testigo y denunciante de algunas de las mayores atrocidades, matanzas y guerras que azotaron el mundo durante la primera mitad del pasado siglo. Lo que tal vez a algunos sorprenda, sin embargo, sea saber que Robert Capa no fue una persona real. De hecho, ni siquiera fue un hombre. O por lo menos, no exclusivamente.
Origen
Criada en el seno de una familia polaca de origen judío en la Alemania anterior a la Primera Guerra Mundial (1914-1919), Gerda Taro, nacida como Gerda Pohorylle, simboliza una de las figuras más enigmáticas y fascinantes de la Europa revolucionaria de la primera mitad del siglo XX. Trasladada a Leipzig en su juventud tras cursar sus estudios en su ciudad natal, Stuttgart, y una breve estancia en un internado en Suiza, Gerda abrazaría desde bien temprano las ideas izquierdistas, en contraposición al incipiente nacionalsocialismo alemán predominante de la época. Sería precisamente como consecuencia del auge nacionalsocialista en Alemania que la familia Pohorylle decida huir del país hacia el año 1933, llevando a la joven Gerda a afincarse en París a mediados de ese mismo año.
Meses después de su llegada a la capital parisina, se produciría un hecho determinante en la breve vida de nuestra protagonista: su encuentro con el fotógrafo húngaro, también de origen judío, Endre Ernő Friedmann. Gerda, quien trabajaba como asistenta y traductora para la agencia de prensa Alliance Photo, conocerá a Friedmann en su labor de fotógrafo independiente exiliado en París, iniciándose así su relación profesional y amorosa entre ellos en el verano de 1935. Ésta, conocedora de los entresijos comerciales del fotoperiodismo de la época, urdirá un plan con el que mejorar las ventas de su amante y saltarse con ello la censura antisemita de la época: adoptar un seudónimo.
El inicio del mito
Instantánea de Gerda Taro y Ernö Friedmann, juntos (National Geographic Historia)
Inspirados por las figuras del Hollywood dorado de la época, la pareja adoptaría sus respectivos nombres artísticos en honor a la célebre actriz de origen sueco Greta Garbo, y a los referentes cinematográficos norteamericanos, Robert Taylor y Frank Capra, respectivamente.
El nombre de Robert Capa aludiría así a la persona de un exitoso fotógrafo estadounidense, de gran influencia, audacia y recursos, quien estaría rodeado además por los principales nombres de la jet set de la época. La trampa de este engaño radicaría en que nadie llegaría jamás a conocer en persona al Robert Capa real, al de carne y hueso. Robert Capa no era más que un invento y un artificio comercial de sus creadores. Una ilusión.
El halo de misterio que envolvería a la figura de Capa durante ese período conseguiría que las ventas de la pareja se disparasen, llegando a triplicar el precio del valor "real" de algunas de sus fotografías hasta ese momento. Dicho prestigio permitiría a la joven pareja desplazarse a la vecina España el 5 de agosto de 1936, en pleno comienzo de la Guerra Civil Española para entonces.
La Guerra Civil Española (1936-1939)
Imagen de la fotoperiodista Gerda Taro junto a un combatiente del bando republicano en el frente de Córdoba, España (Magnum Photos)
Con el estallido de la Guerra Civil en España, miles de combatientes provenientes de distintas partes de dentro y fuera del país se congregarían y desplegarían a lo largo de los distintos frentes de la Península. Uno de estos frentes, el de Córdoba, sería el elegido por los intrépidos Taro y Friedmann para el desempeño de su actividad tras las cámaras como corresponsales de la Revista Vu, dirigida por el célebre editor y periodista francés Lucien Vogel. En su camino hacia el sur, Taro y Friedmann recorrerían Barcelona, donde la pareja realizará fotografías del ambiente revolucionario de la Ciudad Condal, Huesca, donde Taro retrataría la vida campesina de la zona, y Valencia.
"Hombre junto a niño vestido de miliciano", Barcelona, agosto de 1936 (Flashbackshop)
En su búsqueda por plasmar la naturaleza violenta del conflicto, la pareja hará parada en dos puntos calientes del mismo: Madrid y Toledo, donde soldados sublevados del bando nacional se enfrentarían a los defensores de la República. No obstante, no será hasta su llegada a Córdoba cuando éstos se impregnen definitivamente del cruento aroma de la guerra y de la cruda realidad del conflicto.
El frente del sur (1936-37)
Tras un retorno fugaz a la capital francesa, Robert Capa, es decir, Friedmann y Taro, cubrirían el desplazamiento de unas 150.000 personas movilizadas de Málaga a Almería, en un triste capítulo de la historia española conocido como "La Desbandá". A este episodio corresponden algunas de las mejores instantáneas tomadas por la pareja en España, firmadas bajo el sello Capa Photo, con las que darían visibilidad a los horrores vividos durante la contienda en nuestro país.
Refugiados malagueños desplazados en Almería durante la Guerra Civil (International Center of Photography)
En abril de 1937, en pleno auge del conflicto, Friedmann y Taro participarían en la producción de una película documental conocida como «The Spanish Earth» o "Tierra de España" (1937). Entre los numerosos intelectuales presentes en la realización de dicho film, destacaría la presencia y voz narradora del escritor estadounidense y voluntario por el bando republicano, Ernest Hemingway. Unas semanas más tarde, en el mes de mayo, la pareja sería testigo del bombardeo franquista a la ciudad de Valencia, del cual se daría testimonio en la revista Regards como testimonio fotográfico del mismo.
Multitud congregada a las puertas de una morgue en Valencia (Le Miau Noir)
Muerte en Brunete
El 6 de julio, como parte de los esfuerzos del Ejército Popular republicano por hacerse con el control de la franja norte de Madrid — entonces bajo control del ejército sublevado —, tendría lugar la conocida como Batalla de Brunete (1937), una sangrienta contienda en la que perderían la vida unas 40.000 personas, todas ellas pertenecientes a alguno de los dos bandos.
A fin de retratar de primera mano el transcurso del conflicto, Taro, en ausencia de su fiel compañero por encontrarse éste trabajando en París, acompañaría sola a los milicianos republicanos durante el bombardeo que tuvo lugar la tarde del 25 de julio por parte de la Legión Cóndor, el cual culminaría con el repliegue táctico y la consiguiente derrota parcial de las tropas de la República. En un trágico momento de confusión, desconcierto y miedo durante el clímax de este bombardeo, un tanque T-26 de fabricación rusa conducido por el miliciano español Aníbal González pasaría por encima de la joven fotoperiodista alemana Gerda Taro, quien sería rápidamente conducida al hospital norteamericano de El Escorial sin que lamentablemente pudiera hacerse nada por su vida.
Gerda Taro se convirtió, a sus casi 27 años de edad, en la primera mujer fotoperiodista y corresponsal de guerra en morir en acto de servicio en el transcurso de un conflicto. Su carismática personalidad, infatigable lucha por sus ideales y enorme talento para la fotografía encumbrarían a ésta al estatus de artista global y mártir involuntaria de la causa republicana, produciéndose el entierro multitudinario de ésta en París el 1 de agosto de 1937. El joven Ernö, por su parte, desaparecería de la esfera pública durante varias semanas tras conocer la noticia de la pérdida de su amada.
Friedmann continuaría su labor como fotoperiodista y corresponsal hasta el 25 de mayo de 1954, cuando éste, en mitad de un reportaje fotográfico sobre la guerra de Indochina, pisase una mina terrestre en los campos de Thai Binh, en el actual Vietnam, a la temprana edad de 41 años.
El aclamado fotógrafo húngaro Endre Ernö Friedmann (Magnum Photos)
«Cuando piensas en toda esa gente que conocimos y ha muerto en esta ofensiva, tienes el sentimiento de que estar vivo es algo desleal»
Declaraciones atribuidas a Gerda Taro pocos días antes de su muerte (Letras en vena)
"Muerte de un miliciano republicano" (1936). Fotografía realizada por Ernö Friedmann en el año 1936 (Museo Reina Sofía)
Legado
"Miliciana entrenándose en la playa" (1936). Fotografía tomada por Taro en la playa del Somorrostro, en Barcelona (El País)
Tras el fallecimiento de "El pequeño zorro rojo", sobrenombre cariñoso con el que se aludía a ésta por el intenso color cobrizo de su cabello, la influencia de Taro crecería mucho internacionalmente en las semanas posteriores a su muerte, particularmente como icono del Partido Comunista, procediéndose un paulatino abandono de su memoria en las décadas siguientes, como consecuencia de la deriva antisemita y totalitarista posterior a este deceso.
Esta situación permanecerá así hasta que en el año 2008, más de 70 años después de la muerte de la fotoperiodista, se produzca un descubrimiento revelador: el hallazgo de la denominada "Maleta mexicana", una valija perteneciente al mismísimo Ernö Friedmann, enviada desde el París previo a la Segunda Guerra Mundial, en la que se hallarían más de 4.500 negativos realizados por la pareja y el fotógrafo David Seymour de la Guerra Civil durante la estadía de éstos en España.
El descubrimiento de esta maleta ayudaría a la atribución e identificación de muchas de estas fotografías, así como al reconocimiento profesional de Taro en su condición de fotoperiodista consagrada de guerra.
A día de hoy, puede consultarse el catálogo fotográfico de Gerda Taro, independiente de su afiliación y vinculación histórica a la figura de Robert Capa, en la web del International Center of Photography, con sede en Manhattan, Nueva York. Esperamos que este sencillo homenaje colabore a perpetuar su recuerdo y su memoria.
«Si no has visto el día de la revolución en un pueblo pequeño, donde todo el mundo se conoce y se ha conocido siempre, entonces no has visto nada»
Ernest Hemingway en «Por quién doblan las campanas» (1940)
Retrato de Gerda Taro, inmortalizada por el fotógrafo Fred Stein en París en el año 1935 (El País)

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