Soledad lumínica

Por Francisca Pageo

Valencia, 20 de julio de 2026

Hombre sentado de espaldas en la mezquita Sancaklar de Estambul, Turquía (Fikret Kabay - Pexels)

«Simple sueño, sin la sobrecarga de ningún saber, sin aprisionarnos en la unidad de un método de encuesta, querríamos expresar, en una serie de capítulos breves, hasta qué punto se renueva el sueño de un soñador en la contemplación de una llama solitaria. La llama es, entre los objetos del mundo que convocan al sueño, uno de los más grandes productores de imágenes. La llama nos obliga a imaginar. Ante una llama, en tanto se sueña, lo que uno percibe al mirar no es nada en relación con lo que se imagina».

 

"La llama de una vela" (2015) de Gastón Bachelard

 

Pieza musical recomendada para esta lectura: "Spiegel im Spiegel" - Arvo Pärt

Cuando amanece, el sol se va deslizando por el cielo hasta la otra parte dando luz a cada rincón del planeta, de los planetas a los que llega su luminosidad. Bueno, realmente no es el sol el que se desliza, sino la Tierra, pero el efecto viene a ser el mismo. Algo así viene a ser la música de Arvo Pärt, y a la que Mercedes Menchero Verdugo se ha aproximado lenta, perspicaz y agudamente. Hay cierto temor a decir más de lo que hay, cierta levedad en sus palabras, pero estas se hacen completas, hallan sonoridad allá donde la música de Pärt nos encuentra.

 

Arvo Pärt nació en Estonia en 1931. Se exilió en 1980 a Viena, donde se nacionalizaría austriaco, y viviría muchos años en Berlín. Converso al cristianismo ortodoxo, Pärt se ha convertido con los años en el padre del minimalismo sacro, pues su música bebe de ello como beben los primeros pájaros del alba del rocío de la mañana.

 

Para Mercedes Menchero Verdugo, Pärt es una parte importante de la música contemporánea. Para mí, también. No serán pocas las veces que lo escuchemos en las mañanas tempranas, también en las noches profundas, al lado de una vela y algo de incienso. Su música nos revela esas partes del ser en las que se halla dormida la quietud. Extraña quietud que ahonda sonoramente por aquellos recovecos del alma en el que una luz se enciende, un destello se realiza. Se forman así y como destellos estas piezas de las que nos habla la filósofa y directora de programas como Música y pensamiento en Radio Clásica: Mercedes Menchero.

 

En este libro ante el que nos encontramos, cada pieza tendrá su significado sonoro a los ojos y oídos de Mercedes y que, con una intensa profundidad, se agrega a nosotros a través de metáforas, de las letras de las canciones, de los ecos a los que otros artistas aluden a estas obras que escuchamos. Cabe destacar un profundo conocimiento de la música de Pärt. Sin duda Mercedes la ha escuchado a fondo y ha tratado de sacar de cada pieza aquello que le ha embelesado o le ha hecho recordar otros detalles del misterio vital. 

 

El compositor estonio Arvo Pärt (RAPT Interviews)

Dice Arvo Pärt de su música: “Luz blanca que contiene todos los colores, sólo divisibles a través de un prisma, y este prisma podría ser el espíritu del que escucha”. Así y de este modo, mediante esa liturgia y efecto-causa de lo que investiga a través de la ortodoxia, Pärt se adentra en el espíritu de lo humano. Y no sólo, sino también del creador. “Dios entra en mi vida a través de la música”, diría al recoger el Doctorado Honoris Causa en Teología por la Universidad de Friburgo.

 

Sus piezas más emblemáticas, como 'Summa', 'My Heart's in the Highlands', 'Tabula Rasa', 'Für Alina', 'Spiegel im Spiegel' o 'Silouan Song', entre otras, se hallan aquí, en este libro, a través de las palabras de la filósofa como si ella misma nos las estuviera ya no solo describiendo, sino nombrando dentro de nuestro interior. Como si esas piezas que logran encontrarse con el espíritu no entorpecieran la vida, sino que la envuelven en un halo sagrado y  limpio. La embellecen y la espiritualizan. Pues si algo es la música de Pärt es espiritual, como caída de los mismos dioses o el mismo padre al que él hace referencia en sus piezas.

 

"La luz sonora" (2025) es, de este modo, un libro para encontrar tranquilidad, quietud. Encontrar, también, un espacio sonoro en el que habitar. Se habita la música como se habita la soledad lumínica que nos ofrece este libro, lleno de palabras bellísimas sobre un señor que ha sabido hacer de su talento algo por lo que merece la pena vivir. Y es que no solo es una música que nos trasporta a la quietud, sino también a la reflexión y a la meditación. Su música se quiere viva entre nosotros.

 

Es una música que habita y que quiere ser habitable. Ella nos invita a reflexionar sobre nuestra parte más honda, nuestra parte más lúcida pero también melancólica. Debe deberse a los ciertos pasajes divinos de las escrituras, la mitología cristiana. Cómo hablar del Edén si el Edén mismo es esta música que nos vitaliza y tranquiliza a la vez. ¿Es raro, verdad? Pero es una rareza bellísima, para la pura contemplación de la vida, de Dios y del mismo universo.

 

Hablo al principio de esta reseña de que la música de Arvo Pärt es como un sol que se desliza, pero el sol también se está deslizando cuando es de noche, allá donde no lo vemos. De esta manera, la música de Pärt lo que hace es dar luminosidad a las cosas, pequeños destellos vitales de sensaciones efímeras pero profundas. Como el intenso aroma del incienso, como el color de la llama de una vela.

 

"La luz sonora: Una aproximación a Arvo Pärt" (2025) de Mercedes Menchero Verdugo (Athenaica)

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